
-Es que se los juro, yo estaba ahí, acostado de lado en mi cama (sic), y al voltearme de pie frente a un lado estaba un niño pequeño mirándome, y entre miedo y curiosidad la estiré (la mano) y se la puse sobre su cabeza, entonces empezó a gritar: ¡No me toques! ¡No me toques! Y desde mi mano comenzó a subir una sensación fría, cómo si me estuviera metiéndola en agua helada, y el rostro del niño comenzó a desfigurarse, se volvió feo, cómo el de un hombre viejo y malo…- (Testimonio de “Juan” paciente psiquiátrico)
Juan (Cuyo nombre fue cambiado por razones de privacidad) era un chico común, que llevaba una vida común. Estudiante de Arquitectura, aficionado a la música, sociable y alegre. La gente que lo conoce dice que en su personalidad no existe nada extraño, nada diferente, y que Juan es en realidad un chavo del montón. Pero Juan dejó de serlo una noche en que sus padres tuvieron que llevarlo al hospital psiquiátrico dando de gritos, inmerso en una crisis de ansiedad y pánico. Juan había visto a un niño al pie de su cama, había tratado de tocarlo y después había experimentado un miedo tal que estuvo recluido por tres meses en el hospital psiquiátrico de Guadalajara. Juan no responde al perfil de un chico que inventa tonterías para llamar la atención, puesto que no la necesita, su familia pertenece a una clase acomodada, y viven en una zona exclusiva de Guadalajara, cercana al bosque de la primavera. Cómo se mencionó con anterioridad Juan era sociable, amable y alegre. Los estudios arrojaron que no padecía de esquizofrenia, y los encefalogramas mostraron una irrigación normal en su cerebro, así como la ausencia de tumores o cicatrices que pudieran provocar alucinaciones. Juan no es un mentiroso, nunca lo fue y no tiene razones para inventarse una historia que lo alejó de sus amigos, de sus estudios y de su familia. ¿Existen en realidad los fantasmas? ¿Hay algún otro plano físico que de pronto se enlaza con el nuestro? Podemos encontrar una explicación coherente en la gran mayoría de los casos, y sabemos que el 99% de los testimoniales (porque es lo único que uno puede recibir, testimoniales) son falsos, podemos atribuir el invento de historias burdas y ridículas como la de la famosa casa Cañitas a la pobreza, el hacinamiento y la necesidad de atención. Podemos también encontrar explicación en daños neurológicos que provocan en las personas alucinaciones, inclusive podemos llegar a hablar de alucinación colectiva. Pero también hay casos en los que no encontramos explicación coherente. Por desgracia la temática paranormal está en decadencia desde hace años, abandonada por los científicos serios y preparados que temen ser ridiculizados por sus colegas al incursionar en disciplinas que poco tienen de disciplinadas, y al ser estos temas secuestrados por charlatanes carentes de una preparación formal que gustan de sazonar sus “casos” con una ambientación circense. Aún recuerdo que esta temática era del interés de los caballeros, de los estudiosos, de los científicos del siglo XVIII que motivados por los vacíos de información que existían y por los misterios que la ciencia en aquel entonces no lograba iluminar, incursionaba en la temática paranormal, especialmente en el folclore y las leyendas locales. Figuras que fueron después inmortalizadas cómo el doctor Van Henseyl del Drácula de Bram Stoker, elegantes, refinadas y sobre educadas ahora en los principios del siglo XXI son sustituidas por payasos vestidos con túnica doradas o pantalones y chamarras de cuero. El resultado de este secuestro arroja un resultado obvio, la gente pensante, la masa racional, el grupo de personas que tiene más de dos dedos de frente ridiculiza las creencias puesto que los únicos voceros en este y otros países son una camada de ignorantes que apenas y saben expresar un par de frases de una manera correcta. La literatura accesible en el mercado se reduce a panfletos más editados y peor aún empastados, folletos de pocas páginas y pastas adornadas con gráficos de mal gusto. Pero nuestro interés en la temática paranormal, y en especial en las historias de fantasmas nos sigue fascinando. Aún nos sentimos atraídos al escuchar a alguien narrar la historia de otro alguien que enfrentó un fenómeno al cual no encontré explicación. Aún buscamos en el catálogo de películas aquella que nos saque un buen par de sustos, y en la noche mientras tratamos de conciliar el sueño miramos de cuando en cuando la entrada de nuestra recámara recordando la figura fantasmal que nos acosó durante 120 minutos. ¿Existen los fantasmas? No lo sabemos, y quizá nunca lo lleguemos a saber, y casos cómo el de Juan seguirá siendo la comidilla en las reuniones cuando alguien toque el tema sobrenatural, o el alimento de esa camada de charlatanes ignorantes que hicieron lo que fue un oficio de caballeros instruidos su patético modo de vida |